miércoles, 11 de septiembre de 2013

Crónicas de la tragedia: "Un tipo como cualquier otro"


  • Marcos era un tipo como cualquier otro. De esos que les gusta salir con sus amigos comer un buen asado y tomarse una Quilmes para acompañar. De aquellos que con una linda chica al lado y un laburo estable se sienten realizados. Marcos era como cualquier otra persona. Ni muy muy ni tan tan. Era lo que se podría decir un tipo "normal". Ese día se convirtió en un número. En un 16, en un 9 o en un 20. Se transformó en uno más de la lista. Esa misma mañana que cambió tantas historias, tantas fotografías, tantas realidades y otras tantas fantasías. Los sueños perdidos decían “chau”. Ese martes 6 de agosto Marcos se levantó como cualquier otro, se calzó las zapatillas, se tomó el cafecito con leche y guardó las copias impresas del día anterior en su nuevo portafolios. Frunció el ceño. Ahí estaba de nuevo. Ese presentimiento. Ese “no sé que”. Algo no encajaba. “Bueno, ya fué” se dijo a si mismo y se enfundó la campera de jean.
    Partió en la misma dirección que siempre partía, recorrió las mismas calles que siempre recorría, tomó el mismo ascensor que siempre tomaba, saludo a los mismos colegas que siempre saludaba. Y se sentó. Prendió la compu y empezó la rutina. Las 8:45 y el reloj seguía su curso. Interminable. “Algo falta” pensó... y pensó... y se partió la cabeza pensando "El pen!!”. Si, el pendrive que tenía la información para la presentación de la tarde. Algo siempre se olvidaba. Avisó que se tenía que volver y emprendió el regreso a casa. En el trayecto se encontró con varias caras conocidas y se detuvo a saludar a cada una de ellas. La vecina del 3C que siempre lo invitaba a tomar mates por la tardecita. Franco del 7B con el que siempre salia a correr los jueves y los martes. También Silvana y su hijo Julián con los que se cruzaba cuando el chiquito salía para ir al jardín. Ya adentro del departamento revolvió todos los cuadernos, las carpetas, la oficina y el living entero en busca del tan preciado pen. Le tomó unos 10 minutos encontrarlo abajo de unos archivos que estaban perdidos entre todos los unos cuantos papeles. Algo no andaba bien. O más bien, algo no olía bien. Un olor raro se le filtró por la nariz.¿Gas?. Si, era indudablemente olor a gas. Pero,¿De donde...? Un estruendo. Las paredes retumban. Un peso encima. Y entonces... todo negro. Las voces callan y los oídos se hacen sordos. Todos intentando saber qué sucede. Qué pasó. Nadie entiende nada. O mejor dicho… prefieren no entenderlo. ¿Para qué explicar lo inexplicable? Las miradas se afilan. Y los celulares suenan ese día más que cualquier otro. Y la gente se junta a charlar ese día más que cualquier otro día. Intentan saber qué sucede. Sacan conclusiones y hablan como si se tratara de algo "normal". Otros tantos se llevan la mano al pecho y se le llenan los ojos de lágrimas. Y susurran por lo bajo palabras inentendibles. Todo parece perdido, todo parece olvidado. La esperanza se desprende y viaja lejos, lejos… La familia, los amigos, los conocidos, los no-tan-conocidos, los "yo una vez le hable", los sollozos, los gritos, los abrazos, los “no pierdas la fé”, y ese otro alguien que aún no cae. No quiere caer. La tele prendida en todo el pais y las personas paradas enfrente sintonizando las noticias. Marcos era un tipo "normal", un tipo confiable, agradable y alegre. El que te daba un poco de azúcar cuando te faltaba y salía todos los sábados a jugar un partidito con los amigos. Era el flaco del 3D. Un buen vecino. Un buen hijo, amigo, hermano, sobrino, nieto. Un número. El 21 se sortea y él compra todos los números. Uno más en la lista. Una vida más que se pierde. Un sueño más desteñido que se pinta de blanco y emprende su viaje interminable.

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