jueves, 26 de octubre de 2017

El día que Any cambió Bermúdez.

    El día que Any cambió Bermúdez. 
Capitán Bermúdez, una ciudad con relativa tranquilidad, buenos vecinos y los mismos chismes de  siempre. Todo permanecía en su curso natural con algunos pozos en el camino pero nada que retrasara a lo ciudadanos, no después del 2 de noviembre hace 3 años, el famoso día de los muertos. La noche donde el cuerpo de Any se derrumbo sobre la propia sangre que Bermúdez sintió al recibir los balazos con ella, había generado un cambio y nada haría que se diera marcha atrás.
  ¿Quién puede esperar que la persona con la que te chocás en el boliche vaya a morir esa noche? Nadie lo hacía, pero tampoco lo hizo su mamá, sus amigos y su novia. Quién iba a decirles a ellos que se iría sin despedir esa noche. Las gordas posibilidades de irse nadie te las dice, sólo esperás disfrutar el momento como si vas a poder recordarlo, porque dicen que la vida se va en un segundo pero no nos damos cuenta de eso hasta que ocurre y… ¿Quién te dice que en la joda de esta noche te van a arrebatar el alma?
  Y quién sería capaz después, de decirle a la familia y a los vecinos, a los pibes que vuelven tarde de parranda, porque ellos son jóvenes y no tienen miedo a que les pase algo, quién les diría a todos ellos que ahora la ciudad que toma forma de un pueblo está maldita. Que las muertes existen, que el 2 de noviembre no es sólo un día y que la policía no va a ser el héroe esa noche. Pero no vivimos en silencio, al menos muchos no queremos; yo no lo hago.
Esa noche estaba en casa, cuando parecía que el cielo se caía y la Luna se apagaba como una linterna sin energía. No estuve en el boliche donde ocurrió el siniestro, pero podría haber sido yo la chica que salía de Jagger justo cuando las balas golpeaban el frente...

Al día siguiente pensás los hechos una y otra vez hasta conocerlos de memoria como las tablas, hasta que tu vieja interrumpe la meditación policial diciendo: “¿Vas a la marcha hoy?”. Todo comienza a dar vueltas y las filosas preguntas no te dejan pensar tranquila, tu mamá habla y “qué estará haciendo la madre de Any hoy?” y “qué haría Any hoy?”.
  Y pasar después de un año por el mismo lugar y explicarle a un amigo que viene de otra ciudad por qué la cara de esa chica está en todos lados, debés volver a contar lo que te hace recorrer un escalofrío por todo el cuerpo, el mismo que te recorre cada vez que pasás por la vereda del boliche. Relatar, hablar, recordar te da miedo, inseguridad, pero eso te hace parte de la ciudad. 
La escena del crimen es considerada como Bermugre, como la ciudad de las calles de tierra y la basura, pero eso la compone, eso la hace nuestro hogar. Ella y un montón de diabólicos hechos nos recuerdan quienes somos, porque nada va a evitar que las fantasmales manchas del asesinato se borren de lo que ahora forma parte de la historia de Bermúdez.  

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