Blog de la materia "Educación para una Cultura Multimedial" del Colegio Nuestra Señora de Los Milagros, de Capitán Bermúdez, Santa Fe, Argentina. En construcción.
jueves, 2 de julio de 2009
Educación para una Cultura Multimedial: Amor en el parque Rivadavia
En ésta crónica, Roberto Arlt cruza el Parque Rivadavia, ubicado en Caballito, provincia de Buenos Aires. Él se inspira al observar a las parejas de enamorados, sentados al aire libre, caída la nochecita.. Ésto es lo que lo conmueve y lo maravilla y lo lleva a escribir esta crónica. La fuerza del amor que une a estas pareja, hace que las mismas no le den importancia al frío y permanezcan insensibles a los bancos húmedos a causa de la lluvia, sobre los cuales están sentados. Al parecer estas parejas no sufren el frío, simplemente disfrutan del hecho de estar juntos y demostrarse el cariño que sienten, no importa cómo ni dónde. No le temen al riesgo de contraer enfermedades a causa del frío o la humedad, Roberto pasa una y otra vez por el Parque y las parejas se mantienen unidas, y nos obliga a causa se sus demostraciones a llegar a la conclusión de que en todo rincón habrá parejas demostrándose mutuamente su amor, y que en el único sitio donde se podrá encontrar la soledad es dentro de uno mismo.
Comentario : "El placer de vagabundear"
En esta aguafuerte, Roberto Arlt, fijó su atención en los vagabundos, las diferencias entre ellos, las cosas que aprenden, que observan, sus vivencias.
Primero, dice que para ser vagabundo, hay que ser un soñador despojado de prejuicios y luego, nos dice que tipo de vagabundos hay: el vagabundo de pelo mugriento, en criollo, el "croto" y el vagabundo bien vestido, escéptico.
Nuestro queridísimo Arlt nos dice que solo el vagabundo ve las cosas que suceden en la calle, cualquier otra persona sólo veria la calle, negocios, o gente quizás también, pero el vagabundo de verdad, no solo mira sino que observa...entiende. Sabe lo que sucede cuando ya todos regresan a su casa y la calle queda desolada, cuando ya nadie camina, cuando ya nadie atropella.
Las cosas que se aprenden en la calle, no se aprenden en la escuela, ni en la mejor universidad,ni lo enseñan los libros, las viejas chusmas, el carnicero simpático, la que se levanta a las 7:00 am a barrer la vereda, los chicos que juegan al fútbol, el amargado que no te deja andar en bici por la vereda, entre otros personajes que podemos encontrar en la calle que te ayudan de una forma u otra a crecer. Detrás de esas personas que caminan sin parar, que parecen a cuerda, atropellando sin mirar; existe otra realidad ,los chismes, la pobreza, los mates,los mandados, los buenos vecinos...Todo un escenario montado en las calles donde para algunos, es sólo una calle con veredas para hombres y calzadas para bestias.
Para Arlt a muchos nos haría falta salir de nuestra burbujita, pincharla, desgarrarla y empezar a ver el mundo real, darnos un baño de multitud y callejeo para ser más sabios, más indulgentes.
Un vagabundo, sabe mucho de la calle, y aprende de ella. Mientras nadie le da importancia a nada, él se regocija.
Aprendamos...
Para concluir, dejo una frase interesante de la crónica.
"La magnífica indulgencia que ha hecho eterno a Jesús, derivaba de su continua vida en la calle"
Comentario de "Apuntes filosóficos acerca del hombre que "se tira a muerto"

Esta aguafuerte habla de aquellas personas holgazanas y perezosas, que esperan que las otras personas más responsables hagan su trabajo o paguen su cuenta. Es el típico vivo y pícaro que "vive de los demás", como nosotros el día de hoy solemos denominar a esas personas.
Apuntes filosóficos acerca del hombre que "se tira a muerto" - Roberto Arlt en Aguafuertes Porteñas
APUNTES FILOSÓFICOS ACERCA DEL HOMBRE QUE "SE TIRA A MUERTO"
Antes de iniciar nuestro grandioso y bello estudio acerca del "hombre que se tira a muerto", es necesario que nosotros, humildes mortales, ensalcemos a Marcelo de Courteline, el magnífico y nunca bien ponderado autor de Los señores chupatintas, y el que más amplia y jovialmente ha tratado de cerca al gremio nefasto de los "que se tiran a muerto", gremio parásito e imperturbable, que tiene puntos de contacto con el "squenun", gremio de sujetos que tienen caras de otarios y que son más despabilados que linces. Y cumplido ya nuestro deber con el señor de Courteline, entramos de lleno en nuestra simpática apología.
Hay una rueda de amigos en un café. Hace una hora que "le dan a los copetines", y de pronto llega el ineludible y fatal momento de pagar. Unos se miran a los otros, todos esperan que el compañero saque la cartera, y de pronto el más descarado o el más filósofo da fin a la cuestión con estas palabras:
-Me tiro a muerto.
El sujeto que anunció tal determinación, acabadas de pronunciar las palabras de referencia, se queda tan tranquilo como si nada hubiera ocurrido; los otros lo miran, pero no dicen oste ni moste, el hombre acaba de anticipar la última determinación admitida en el lenguaje porteño: Se tira a muerto.
¿Quiere ello decir que se suicidará? No, ello significa que nuestro personaje no contribuirá con un solo centavo a la suma que se necesita para pagar los copetines de marras.
Y como esta intención está apoyada por el rotundo y fatídico anuncio de "me tiro a muerto", nadie protesta.
Con meridiana claridad que nos envidiaría un académico o un confeccionador de diccionarios, acabamos de establecer la diferencia fundamental que establece el acto de "tirarse a muerto", con aquel otro adjetivo de "squenun".
Hacemos esta aclaración para colaborar en el porvenir del léxico argentino, para evitar confusiones de idioma tan caras a la academia de los fósiles y para que nuestros devotos lectores comprendan definitivamente la distancia que media entre el "squenun" y el "hombre que se tira a muerto".
El "qusenun" no trabaja. El "hombre que se tira a muerto" hace como que trabaja. El primero es el cínico de la holgazanería; el segundo, el hipócrita del dolce far riente. El primero no oculta su tendencia a la; vagancia, sino que por el contrario la fomenta con sendos baños de sol; el segundo acude a su trabajo, no trabaja, pero hace como que trabaja, cuando lo puede ver el jefe, y luego "se tira a muerto" dejando que sus; compañeros de deslomen trabajando.
¿El que "se tira a muerto" es un hombre que después de tantas cavilaciones llegó a la conclusión de que no vale la pena trabajar? No. No se "tira a muerto" el que quiere, sino el que puede, lo cual es muy distinto.
El que "se tira a muerto", ya ha nacido con tal tendencia. En la escuela era el último en levantar la mano para poder pasar a dar la lección, o si le conocía las mañas al maestro, levantaba el brazo siempre que éste no lo iba a llamar, creyendo que sabía la lección.
Cuando más infante, se hacía llevar en brazos por la madre, y si lo querían hacer caminar, lloraba como si estuviera muy cansado, porque en su rudimentario entendimiento era más cómodo ser llevado que llevarse a sí mismo.
Luego ingresó a una oficina, descubrió con su instinto de parásito cuál era el hombre más activo, y se apegó a él, de modo que teniendo que hacer entre los dos un mismo trabajo, en realidad éste lo hiciera, porque tan lleno de errores estaba el trabajo del que "se tira a muerto".
Y los jefes acabaron por acostumbrarse al hombre que "se tira a muerto". Primero protestaron contra "ese inútil", luego, hartos, le dejaron hacer, y el hombre que "se tira a muerto" florece en todas las oficinas, en todas nuestras reparticiones nacionales, aun en las empresas donde es sagrada ley chuparle la sangre al que aún la tiene.
La naturaleza con su sabia previsión de los acontecimientos sociales y naturales, y para que jamás le faltara tema a los caballeros que se dedican a hacer notas, ha dispuesto que haya numerosas variedades del ejemplar del hombre que "se tira a muerto".
Así, hay el hombre que no se puede "tirar espontáneamente a muerto". Lo atrae el dolce far niente, pero este placer debe ir acompañado de otro deleite: la simulación de que trabaja.
Le veréis frente a la máquina de escribir, grave el gesto, taciturna la expresión, borrascosa la frente. Parece un genio, el que le mira se dice:
-¡Qué cosas formidables debe pensar ese hombre! ¡Qué trabajo importantísimo debe de estar realizando!
Inclinémonos ante la sabiduría del Todopoderoso. El, que provee de alimentos al microbio y al elefante a un mismo tiempo; él, que lo reparte todo, la lluvia y el sol, ha hecho que por cada diez hombres que "se tiran a muertos", haya veinte que quieran hacer méritos, de modo. Que por sabia y trascendental compensación, si en una oficina hay dos sujetos que todo lo abandonan en manos del destino, en esa misma oficina hay siempre cuatro que trabajan por ocho, de modo que nada se pierde ni nada se gana. Y veinte restantes hacen sebo de modo razonable.
miércoles, 1 de julio de 2009
Comentario sobre: "Sobre la simpatía humana" de Roberto Arlt.
El autor Roberto Arlt en esta crónica no habla de alguna de sus crónicas, es decir, sino que hace hincapié a todos sus escritores, a todas aquellas personas que por algún motivo le envían cartas. A eso es lo que él llamó… simpatía humana. Gente que dedica solo un minuto de su vida en escribir, y demostrar a otra persona lo que siente. Por eso, Roberto ve totalemente valiosas todas las cartas que le envían, tomándolas como importantes y trascendentales, ya sean unas pocas líneas o pares de carillas.
Él se pregunta, quienes son estas especies de seres, que con solo un par de palabras exactas pueden expresar sus emociones, desdichas, o conocimientos a su prójimo. Y que sin darse cuenta que con solo demostrarse, están generando el "maravilloso fenómeno" de la simpatía. En otras palabras... le están “agradando” a otros seres, que en general, están esperando en leer sus trabajos literarios.
A mi modo de ver, Roberto Arlt les da un significado genial a todos sus lectores, como a las propias cartas de sus escritores. Tiene la imágen de que estas cartas, además de ser un gesto de presencia, son mas que nada de gente animada a sentir, pensar y expresar.
Lucía Rosso. 4º Humanidades