
Era un lunes, la mañana estaba triste y gris, una leve llovizna inundaba el ambiente. La gente en las calles iba corriendo encapuchada para evitar mojarse, todo se veía muy alborotado para ser casi las 7 de la mañana.
Las paradas de colectivo estaban llenas de gente, esperando que uno llegue para ir al trabajo, al colegio, o a sus casas. Cuando él llega todos suben, algunos apurados, otros cansados, pagan el boleto y buscan un lugar para emprender su viaje. Ya en camino y con un lugar ocupado, unos duermen, otros leen o estudian y algunos escuchan musica. El aire comienza a ser más cálido y agradable, con el ruido del motor de fondo y el poco murmuyo de la mañana, también se escucha algún estornudo o tos a lo lejos y el sonido de un celular, sin olvidar aquel timbre particular que proviene del fondo acompañado del movimiento de los cuerpos gracias a la frenada de nuestro compañero diario, quien al llegar al lugar deseado, nos deja y despide hasta el próximo viaje.