- Marcos era un tipo como cualquier otro. De esos que les gusta salir con sus amigos comer un buen asado y tomarse una Quilmes para acompañar. De aquellos que con una linda chica al lado y un laburo estable se sienten realizados. Marcos era como cualquier otra persona. Ni muy muy ni tan tan. Era lo que se podría decir un tipo "normal". Ese día se convirtió en un número. En un 16, en un 9 o en un 20. Se transformó en uno más de la lista. Esa misma mañana que cambió tantas historias, tantas fotografías, tantas realidades y otras tantas fantasías. Los sueños perdidos decían “chau”. Ese martes 6 de agosto Marcos se levantó como cualquier otro, se calzó las zapatillas, se tomó el cafecito con leche y guardó las copias impresas del día anterior en su nuevo portafolios. Frunció el ceño. Ahí estaba de nuevo. Ese presentimiento. Ese “no sé que”. Algo no encajaba. “Bueno, ya fué” se dijo a si mismo y se enfundó la campera de jean.Partió en la misma dirección que siempre partía, recorrió las mismas calles que siempre recorría, tomó el mismo ascensor que siempre tomaba, saludo a los mismos colegas que siempre saludaba. Y se sentó. Prendió la compu y empezó la rutina. Las 8:45 y el reloj seguía su curso. Interminable. “Algo falta” pensó... y pensó... y se partió la cabeza pensando "El pen!!”. Si, el pendrive que tenía la información para la presentación de la tarde. Algo siempre se olvidaba. Avisó que se tenía que volver y emprendió el regreso a casa. En el trayecto se encontró con varias caras conocidas y se detuvo a saludar a cada una de ellas. La vecina del 3C que siempre lo invitaba a tomar mates por la tardecita. Franco del 7B con el que siempre salia a correr los jueves y los martes. También Silvana y su hijo Julián con los que se cruzaba cuando el chiquito salía para ir al jardín. Ya adentro del departamento revolvió todos los cuadernos, las carpetas, la oficina y el living entero en busca del tan preciado pen. Le tomó unos 10 minutos encontrarlo abajo de unos archivos que estaban perdidos entre todos los unos cuantos papeles. Algo no andaba bien. O más bien, algo no olía bien. Un olor raro se le filtró por la nariz.¿Gas?. Si, era indudablemente olor a gas. Pero,¿De donde...? Un estruendo. Las paredes retumban. Un peso encima. Y entonces... todo negro. Las voces callan y los oídos se hacen sordos. Todos intentando saber qué sucede. Qué pasó. Nadie entiende nada. O mejor dicho… prefieren no entenderlo. ¿Para qué explicar lo inexplicable? Las miradas se afilan. Y los celulares suenan ese día más que cualquier otro. Y la gente se junta a charlar ese día más que cualquier otro día. Intentan saber qué sucede. Sacan conclusiones y hablan como si se tratara de algo "normal". Otros tantos se llevan la mano al pecho y se le llenan los ojos de lágrimas. Y susurran por lo bajo palabras inentendibles. Todo parece perdido, todo parece olvidado. La esperanza se desprende y viaja lejos, lejos… La familia, los amigos, los conocidos, los no-tan-conocidos, los "yo una vez le hable", los sollozos, los gritos, los abrazos, los “no pierdas la fé”, y ese otro alguien que aún no cae. No quiere caer. La tele prendida en todo el pais y las personas paradas enfrente sintonizando las noticias. Marcos era un tipo "normal", un tipo confiable, agradable y alegre. El que te daba un poco de azúcar cuando te faltaba y salía todos los sábados a jugar un partidito con los amigos. Era el flaco del 3D. Un buen vecino. Un buen hijo, amigo, hermano, sobrino, nieto. Un número. El 21 se sortea y él compra todos los números. Uno más en la lista. Una vida más que se pierde. Un sueño más desteñido que se pinta de blanco y emprende su viaje interminable.
Blog de la materia "Educación para una Cultura Multimedial" del Colegio Nuestra Señora de Los Milagros, de Capitán Bermúdez, Santa Fe, Argentina. En construcción.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Crónicas de la tragedia: "Atrapadas en el dolor"
Luciana y Romina estaban bajo escombros sin poder moverse luego de la gran explosión. Una de ellas gritaba sin parar, con la esperanza de que alguien la escuche y pueda ayudarlas. Con tanto peso sobre ellas les resultaba imposible moverse y sentían que todo terminaría allí.
Después de estar largas horas, sintieron la voz de una persona masculina, su presencia fue como una luz que brillaba en la oscuridad.
Al escuchar los pasos de él, ambas comenzaron con sus gritos desesperados y fueron encontradas con fracturas de huesos bastantes graves que ocasionaron la inmovilidad de sus piernas. El gran hombre cargó con ambas, suplicando ayuda para poder salvarles la vida y las dejó con las enfermeras y todo el equipo hospitalario de la zona.
Al escuchar los pasos de él, ambas comenzaron con sus gritos desesperados y fueron encontradas con fracturas de huesos bastantes graves que ocasionaron la inmovilidad de sus piernas. El gran hombre cargó con ambas, suplicando ayuda para poder salvarles la vida y las dejó con las enfermeras y todo el equipo hospitalario de la zona.
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Crónicas de la tragedia: "Anonadada"
En una mañana fría , un fuerte y sofocante ruido me despertó. Estaba yo en pijama, muy aturdida. No sabia bien qué pasaba a mi alrededor.Escucho el aullido de mi perro y el pedido de ayuda de mi vecina,que para mi espanto estaba envuelta en llamas abrazadoras. Entro en pánico, agarro a mi mascota e intento salir por un gran ventanal hecho añicos.
Mis gritos de auxilio se intensifican más y más. Entre el humo que se expande con rapidez percibo la silueta masculina con casco, era un bombero. Una mezcla de sentimientos me invaden por dentro y mis ojos se llenan de lágrimas. Comienzo a llorar. Junto a los demás vecinos que pudimos salir de ese edificio consumiéndose comenzamos a colaborar, rebuscando entre los escombros algún resto de vida u objetos importantes. Fue un día muy difícil para todos. Gracias a ese gran hombre mi perro Bob y yo estamos con vida.
Mis gritos de auxilio se intensifican más y más. Entre el humo que se expande con rapidez percibo la silueta masculina con casco, era un bombero. Una mezcla de sentimientos me invaden por dentro y mis ojos se llenan de lágrimas. Comienzo a llorar. Junto a los demás vecinos que pudimos salir de ese edificio consumiéndose comenzamos a colaborar, rebuscando entre los escombros algún resto de vida u objetos importantes. Fue un día muy difícil para todos. Gracias a ese gran hombre mi perro Bob y yo estamos con vida.
martes, 3 de septiembre de 2013
Crónicas de la tragedia: "El rescatista"
La sociedad alborotada, las calles transitadas y los fuertes gritos dela gente pidiendo ayuda. La peor tragedia. Un edificio derrumbado, 21 personas muertas y 70 heridos aproximadamente.
Entre todos los reporteros, la gran cantidad de personas y los rescatistas, un bombero que ingresó al edificio, mejor dicho a los restos del edificio, comenzó su búsqueda entre los escombros.
Dijo que fue tan difícil como separar la sal del mar. Luego de tanto buscar, encontró. Fue trágico y conmovedor de alguna forma. Una niña, muerta y un perro vivo junto a ella.
Dijo que fue tan difícil como separar la sal del mar. Luego de tanto buscar, encontró. Fue trágico y conmovedor de alguna forma. Una niña, muerta y un perro vivo junto a ella.
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lunes, 2 de septiembre de 2013
Crónicas de la tragedia: "Una dolorosa historia"
Santiago, un chico de tan solo 29 años, un estudiante de medicina, fue una victima de la tragedia. En la mañana de la explosión, él había dejado el edificio junto a una chica. Se había olvidado algunas cosas importantes en su departamento. Lamentablemente volvió. Se encontraba subiendo por el ascensor cuando ocurrió el desastre. La acompañante lo esperaba abajo. Tan desesperada y dolorida cuando escuchó el ruido y vivió la explosión.
Nunca lo volvió a ver.
Nunca lo volvió a ver.
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